Una cena Almodobariana en Wisconsin


Ésta historia no puede caer en el olvido, la voy a escribir sin excederme pero sin obviar algunos de los detalles de nuestra cena Almodobariana en Wisconsin. Eso de que tener perro ayuda a hacer amigos es más verdad que el pan y la tierra. Y normalmente los que tenemos perro solemos ser buena gente… unos más que otros pero gente majeta. Al poco de estar en el bloque, por cierto uno de los pocos sitios de alquiler que aceptan perros en el centro de la ciudad, entramos en contacto con los diversos dueños de los perros, charlamos y fuimos estableciendo una relación básica con algunos de ellos… suficiente para saludarnos y saber cuatro cosas de nuestro día a día. Finalmente y después de mucho planear, una tarde concretamos una cena en casa de uno de los personajes de la historia, yo diría que EL protagonista principal. Este tipo al que vamos a llamar el Tajarín tiene unos sesenta años más o menos y es un gran amante del vino. En cada conversación introduce el tema del vino y repito, en cada una sin excepción hasta la fecha. El primer día que lo conocimos ya nos sorprendió con un “el vino es el mejor invento del hombre y su importación, lo mejor que hemos hecho los estadounidenses últimamente”, algo que nos pareció ocurrente, a pesar de sus mejillas rojas y sus ojos llorosos… claro, estábamos a -8º C. Al poco tiempo empezamos a ver que algunos días se le entendía menos que otros y que se contradecía más de la cuenta, aunque tal vez nuestro inglés no nos ayudaba a llegar al fondo de la cuestión. La mujer del Tajarín es una señora simpática, ella nunca pasea al perro y en alguna ocasión nos ha preguntado si necesitábamos algo del supermercado y nos ha comprado algunas cosas para nuestra perrita.

Otro protagonista de la historia es uno de los trabajadores de mantenimiento del edificio, un Finlandés a punto de jubilarse, sin perro pero amante de todos como el que más. Éste creció alrededor de más de diez perros en una casa en la montaña, y explica que huyó de su tierra por el ahogo de las regulaciones de su gobierno, que a su juicio le privaba de libertad… Algunos personajes secundarios son el Físico, un tipo de unos cuarenta que trabaja en su tesis doctoral sobre la creación de agujeros negros en el espacio, que padecía una especie de parquinson bestia y llevaba una gorra negra enganchada a la cabeza que jamàs se quita; y la China, una investigadora que estudió telecomunicaciones en el MIT, muy prudente y poco habladora. Hasta aquí los habituales del pipican americano. Ya en la cena conocimos a LA protagonista principal, una mujer a la altura del Tajarín en todos los sentidos, la Especial. Así que estos más mi novia y yo éramos los actores de la cena, faltaban dueños de perros claro, pero el tamaño de los pisos no da para tanto. Sinceramente pienso que el Tajarín reunió a los más variopintos y entre ellos, nosotros claro.

La cena de vecinos se fraguó un jueves noche, quedamos tarde porqué según el organizador del evento él sigue un horario europeo respecto a las comidas. Perfecto para nosotros porque a pesar de los días, aún no nos hemos acostumbrado a comer a las doce y cenar a las seis. Para aumentar las sensaciones almodobarianas, nuestra perrita estaba invitada y no cabe decir que los perros lo pasaron en grande, cuatro perros bestias metidos en un cubículo de veinticinco m2 junto a siete personas… Lo cierto es que nosotros no las teníamos todas e íbamos un poco a la expectativa, a pasarlo bien pero con los ojos abiertos como soles. Como no, llevamos nuestra tortilla de patatas como aportación genuína, que todo y que solo teníamos un culín de aceite de oliva, nos quedó bastante bien. Nada más picar en el piso doceavo cuarto, nos llamó la atención especialmente las guindillas y las ramas de cilantro que colgaban de una tubería a la vista, justo encima de una típica cocina  con barra americana, como no. Además había un detalle que hacía de aquel lugar un espacio aún más pintoresco… no habían quitado el árbol ni las luces de navidad, curioso ya que estamos a finales de marzo. Al entrar nos saludaron efusivamente, incluso una mujer que no era la mujer del Tajarín y no conocíamos de nada, la Especial, que guardaba en su mano un mapa de Europa. Por un momento pensé que esa era la verdadera mujer del tajarín y que aquella otra era una amiga o familiar. A medida que avanzaba la noche nos fuimos dando cuenta de que no, entre otros detalles porqué el tipo hablaba de su mujer ausente, que si viajaba mucho, que si estaba trabajando a esas horas, que si tenía un barco o que su matrimonio era muy difícil.

Nuestra tortilla triunfó rápido y los invitados la comían como si fuera una pizza cortada a trozos triangulares y con las manos, así que nosotros igual. La fiesta empezaba para nosotros pero no para el Tajarín y la Especial, que nos explicaron como habían estado cocinando toda la tarde acompañados de un tinto australiano. De hecho, él nos recibió con una copa del mismo explicándonos como había empezado esa botella en el almuerzo. Pero para mi novia había comprado un vino especial, un blanco espumoso español. El Tajarín la acompañó a una silla y le sirvió el vino de rodillas, diciendo que había comprado ese vino especialmente para ella y que ella era la princesa de la noche… un gesto que así de entrada, no me acabó de gustar del todo y agudizó mis sospechas sobre la curiosa velada. La Especial nos preguntaba cosas sobre España mientras vigilaba el pollo en el horno. En algunas de sus comprobaciones, al cruzarse con el tajarín se decían cosas al oído. La relación entre ellos dos iba calentándose a medida que avanzaba la noche y el vino, entonces los recaditos en la oreja subieron de tono e iban acompañados de besos y una especie de abrazos a una mano, la otra estaba ocupada. Mi novia y yo nos miramos y medio sonreíamos mientras decíamos en catalán “Que collons parlen aquests” o “Vigila que no ens fotin res al vi”, no lo teníamos claro… Es difícil explicar la sensación que nos invadía a los dos, era una mezcla del calor de la amabilidad desbordante y del vino, con el frio de la desconfianza y locura transitoria de todo lo que rodeaba a esa velada. Esa noche era como un agujero negro en el espacio tramado por el Físico de la gorra, una gran experiencia por su particularidad y unicidad.

La Especial con mapa en mano me preguntaba dónde justamente vivíamos mientras el Finlandés preparaba el Sushi que había traído. A la vez, el tajarín mostraba a mi novia todos los cuadros de la casa, detalle a detalle… de manera que yo como los cocodrilos tenía un ojo aquí y otro en la charca. A momentos mi novia y yo intercanviábamos impresiones respecto a  si algunas de las cosas que estaban pasando eran normales o no, si eran simplemente diferencias culturales o esos tipos estaban todos como una cabra. Después de estar un rato de pie nos sentamos en unas sillas mientras esperábamos el pollo y tomábamos vino. El tajarín tenía un ritmo feroz y continumente llenaba los vasos de sus invitados, y al mirar a mi novia nuestras miradas parecían decir al unísono… “este tío nos quiere emborrachar a todos y tirar por el balcón”, por cierto una terracita sobre la que se veía gran parte de la ciudad. A momentos, yo hablaba con otros y veía a la Especial que me miraba fijamente a un metro de distancia. Yo, miraba hacia otro lado y volvía a girarme al minuto y ahí seguía con su pelo blanco ceniza, sus mejillas rojas y su felicidad… No paraba de repetir un brindis “la vida es un regalo y el arte lo más bonito de todo”.

Las conversaciones que mantuvimos a lo largo de la noche estaban completamente a la altura de las circunstancias. El Tajarín y el físico empezaron una conversación técnica sobre armas, velocidad, disparo, distancia… me enteré que un pistola cuyo nombre no recuerdo ni quiero, es capaz de recorrer dos millas y media y agujerear veinticinco pulgadas una pared de madera. Al ver que escuchaba educadamente me preguntaron no se bien que, y les dije que no tenía ni idea de armas, mientras en mi interior esperaba que no guardaran una cerca… El Finlandés, al enterarse que yo hacía cosas relacionadas con Educación me explicó que todo el mundo hablaba mucho del sistema educativo finlandés, pero que él no guardaba un buen recuerdo. Según su experiencia él quedó horrorizado de estudiar allí. Como no, la política entro en juego pero yo no quise posicionarme mucho ya que estaba 100% en contra de todo lo que decían, así que sólo hice un par de preguntas. El Finlandés explicaba como este país (USA) se está olvidando de sus raíces y esta adoptando un régimen socialista, mientras en Europa es todo lo contrario y cada vez son más neoliberales. A su vez, el Físico explicaba su posición política según él neutra, aunque explicó que no estaba nada de acuerdo en que los autobuses fueran subvencionados con dinero público y que cada uno debería pagar para mover su culo.

Las conversas más recurrentes eran sobre guerras, pero guerras históricas que se habían librado en el pasado, que si el imperio británico, que si la guerra del sur y el norte, que si la Alemania de Hitler… En un momento de la noche nos preguntaron si éramos católicos practicantes, y al responderles que no se sorprendieron efusivamente. A todo esto,  la Especial casi gritando dijo…”pero si conquistásteis el mundo en nombre de la religión con Isabel II” y todos rieron, mientras nosotros medio sonreíamos sin verle mucho la gracia. Después de explicar algunas cosas sobre la comida en Cataluña y España, el Tajarín bien contentín nos dijo que tenía una amiga española por internet que era muy rara… al momento se giró y le dijo a la Especial que era sólo una amiga, como escusándose, mientras ella hizo un gesto con la mano queriendo decir que le era indiferente.

La cena se sirvió tarde a eso de la diez de la noche, un pollo con maíz muy bueno.  Al servir, el Tajarín nos dijo en voz alta que tuviéramos cuidado porque llevaba ingredientes químicos… cosa que creo pensamos todos antes que él lo dijera. Uno de los momentos cumbres fue cuando el mundo se paró para que el tajarín leyera un libro de poesía, nos hicieron callar a todos para escuchar algo, según él, muy bueno. El tipo sacó un libro de mil ochocientos que guardaba en una bolsa de plástico transparente y leyó después de silenciar al auditorio en repetidas ocasiones y con voz cada vez más seria. Esos momentos se hicieron eternos, mientras la Especial, sentada a nuestro lado cerraba los ojos y reía disfrutando de ese momento al máximo. Al reanudarse la conversa el finlandés nos sorprendió si es que aún era posible subir el listón, y se tiró un pedo sonoro que retumbó la sala, a la vez que explicaba no se qué… al instante,  se excusó y dijo que eso no había sido para nada su intención, mientras el resto hacíamos como si nada hubiera pasado. Pero eso no es todo, el finlandés nos deleitó con otro momento estelar, y después de mearse uno de los perros justo debajo de mi silla, el tipo con un papel de cocina se arrodillo a limpiar tremendo charco, y digo un papel de cocina. Un segundo trozo de papel remató la faena y seguidamente el hombre se puso a preparar el postre.

A las doce y media tomamos helado con tarta, mientras el Tajarín ya desbocado, bromeaba con un potecito de agua santificada por Juan Pablo II, intentando echarlo en el plato de la China, que hablaba poco pero se fijaba.  La única que seguía las coñas del tipo era la Especial, que tenía la risa floja des del minuto cero. Me dejo cosas pero esto ya se alarga… Ah si, la especial se despidió de nosotros con un abrazo -hasta aquí normal- y diciendo que éramos como sus hijos… todo valía. Lo cierto es que mi novia y yo marchamos de esa casa medio desconcertados. En el ascensor los tres, mi novia, yo y la perrita compartíamos detalles mientras reíamos, nuestra perrita se lo había pasado en grande y nosotros habíamos vivido una cena que ni Almodóbar podría firmar. Al entrar en casa mi novia cerró la puerta con doble seguridad… Había sido una velada irrepetible, una experiencia pintoresca en su palabra de la que todavía no nos hemos recuperado. Esa noche no dormimos del todo bien, una sensación rara recorría nuestro consciente y cabalgaba por nuestro subconsconsciente…  Sin duda, nos reímos al recordar, pero seguimos cerrando la puerta con doble pestillo.

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3 respuestas a “Una cena Almodobariana en Wisconsin

  1. Sensacional relato, me ha encantado, hemos de preparar algún proyecto de libro juntos. Me he reído muchísimo. Lo que más claro me queda, es que todos somos seres humanos pero cuan de diferentes somos…

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