De autobuses y complejidades


Hace tiempo que no decía nada sobre el transporte público, con lo mucho que me gusta… Quienes tienen la suerte o la simple conjetura de conocerme saben que últimamente estoy surcando nuevos mares. Ando comparando historias en lugares distintos, aunque ahora ya no se llama comparar. La comparación en el mundo mundial ha pasado de moda y ahora se llama triangular. Todo el mundo triangula, esto con lo otro y lo de mas allá… debe ser la influencia de nuestro barça que a todos enamora y engancha. Triangular tiene sentido para mi si comparas tres cosas, aunque veo mucha gente que compara entre tres o triangula entre dos, que cosas. Si las comparaciones son odiosas, las triangulaciones son ya la hostia. Y es que todos somos iguales pero diferentes (eso lo aprendí en Magisterio), de manera que las comparaciones pueden servir pero no valer. En fin, estoy triangulando tres cosas parecidas en tres ciudades diferentes, lo que viene a ser tres cosas diferentes en tres ciudades parecidas, depende como se mire… y me pagan por ello.

Barcelona, Copenhague y Madison… las comparaciones en nuestra cabeza nos ayudan a entender las cosas, a simplificar la complejidad de todo para hacerlo comestible. Pero si nos empecinamos en simplificar y comparamos en exceso nos volvemos tontos y simples, porqué las comparaciones siguen siendo odiosas como dice el dicho popular. Como lo que hago es más aburrido voy a triangular otros detalles más importantes de la vida diaria, por ejemplo los viajes en autobús. Y voy a enumerar similitudes, una cara de la moneda… ya de entrada, las tres ciudades tienen autobús, y digo más… en las tres el autobús es paganini con un matiz: con el carnet de la Universidad en Copenhague y Madison pagas menos y en Barcelona pagas lo mismo.  Alguna similitud mas, los conductores llevan uniformes, la parada se tiene que solicitar previamente, el autobús llega unos minutos más tarde de lo que se indica, hay asientos para personas mayores o en silla de ruedas, el conductor saluda al conductor de la misma linea al cruzarse en marcha, hay indicaciones de conducta en la pared y hay gente hablando por el móvil y seguramente de las mismas cosas, aunque en idiomas muuuuy diferentes. Más semejanzas, las rutas son circulares y de repente se cambia un conductor por otro como quien no quiere la cosa, los viajantes son siempre los mismos en gran medida, y después de un día de trabajo en el autobús no hace falta mp3 para sentir el canto popular.

Vaya tela, las diferencias para otro día, pero como os podéis imaginar no me han sorprendido tanto como las semejanzas. La globalización nos simplifica a todos al mismo exponente… Iguales pero diferentes, aunque lo de diferentes són meros detalles, blancos o negros, azules o marrones, rubias o tostás, hamburguesa o salmón… hambre la misma.

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