Un mango, una piña… lo que tú quieras!


Sábado tarde… vamos a la tienda a comprar, está llena de gente y de cosas por el medio. Esta primera frase se podría generalizar a todo tipo de supermercados por grandes que sean, des del Alcampo hasta el pakis de la esquina. La gente lo toca todo, se para en medio de los pasillos, niños correteando, algunos merendando y dejando el envoltorio de los donetes escondido entre el papel de lavabo y el de cocina… Y un montón de productos, miles de colores, muchos carteles y el precio de las cosas, por supuesto. Qué es lo que solemos mirar en primer lugar la mayoría…? dicen algunas encuestas en nuestro precioso estado que son los precios, más que lógico, y en segundo lugar el diseño y el merchandising del producto, no tan lógico pero ahí queda eso, bonito y barato. Así que la empresa que más disminuya en costes salvando la imagen se lleva el gato al agua. El sabor importa, pero un poco menos, la calidad importa también, pero no tanto. Así está el mercado de los que ponen las normas y de los que las seguimos como borregos. La más que entendible historia del precio forma parte del sistema, compramos barato para comer más porque tenemos poco dinero para comprar, que coño, somos gente currante y propietarios de pequeños negocios, el 80% de la población en España.

Otra parte de la realidad es que nosotros somos la mayoría, los que vamos los sábados a comprar y consumimos, los de la cuesta de enero y febrero, los que nos endeudamos hasta las cejas y por tanto los que movemos gran parte de la economía. Pero estamos dormidos con otros problemas que entendemos y nos hacen entender que son más importantes, basta con un par de anuncios en la tele para que quiera comprarme un reloj que cuesta la mitad de mi sueldo mensual o un coche que cuesta más del anual… ahí nuestra material felicidad consumida.  Tan real como el pan y la tierra es que nosotros decidimos al comprar gran parte de lo que pasa y de lo que va a pasar. No estaría mal en medio de tantos colores una mayor información sobre lo que compramos, mayor en todos los sentidos, con letra más grande y accesible, y con más cosetas respecto a la calidad del producto que nos llevamos a casa.

Por ejemplo su procedencia, un detalle que no es menor y la globalización nos lo presenta como algo guay, pintoresco y común. El lugar dónde vienen los alimentos o productos en general y los Km recorridos hasta llegar hasta el súper de turno, és un gran QUE y tiene un gran impacto en nuestra cercana sociedad. No es lo mismo que en Barcelona hoy me coma una naranja de Tarragona que una Piña de Paraguay, la diferencia es de más de 8000 Km con todo lo que ello comporta. Intentaré poner tres ejemplos para empoderar el consumo local; primero lo que contamina el planeta un flujo comercial de aviones diariamente trayendo piñas a Europa para que nosotros tengamos la caprichosa barriga contenta, así que imagínate esa ruta más la de los Kiwis de Brasil y los Mangos de la Índia. Otro ejemplo sería sin duda el empuje al comercio local, una economía es próspera cuando su economía local y su producto interior bruto es óptimo, ésta es una economía autónoma donde nos damos bola los unos a los otros, el dinero circula y mútuamente nos complementamos para vivir bien. Si optamos por productos foráneos habitualmente, empoderamos otras economías en teoría… Y por último, tengamos claro que no hacemos ningún bien a estos terceros países de dónde vienen los kiwis y a sus gentes, porque teniendo en cuenta los Km que recorren estos alimentos es imposible un precio tan bajo, no me salen las cuentas… no es que les vendan el petroleo más barato, más bien es que los agricultores paraguayos, chinos o índios trabajan por salarios miserables. Y además cultivan sus tierras para el primer mundo, no tienen comercio interior, así que es una manera de mantenerlos pobres e indefensos.

El mercado libre o neoliberal lejos de ningún proteccionismo extiende las diferencias entre pueblos, ahoga a los pobres, empobrece a los mediopobres y enriquece a una minoría. Pero ahí estamos la mayoría otra vez, los que hacemos cola en el carrefour, los de la barriga caprichosa…  decidiendo tantas cosas y esperando a que salga el sol.

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