El perro triste


Ayer iba en autobús por la zona alta de Barcelona, por cierto… que jardines más bien cuidados y que jardineros más bien equipados, trabajan con la última tecnología. En fin, después de preguntar al conductor un par de cosillas me senté al lado de una señora mayor de pelo gris ceniza que juntaba sus manos como solía hacer mi abuela, parecía cansada y miraba por su ventana sin fijarse en lo que había a través de ella. Con la mirada cansada y perdida el sol de mediodía la iluminaba parcialmente. Al parecer yo tenía que esperar ocho paradas para bajar pero más rápido que pronto perdí la cuenta. Aquellas calles me sonaban, habia estado otras veces por ahí, aquel restaurante y aquella compañía, la avenida que da al campo de futbol, la parada de metro, la embajada… de repente un perro centró mi atención, era un golden bastante grande y tiraba de la correa con fuerza. La dueña no tenía pinta de serlo y se movía como una marioneta tras el animal. Digo que no tenía pinta de serlo por varias razones. La primera es que a la señora no le hacía mucha gracia ese paseo y su cara lo decía a gritos, la segunda… vayan por detrás mis prejuicios, es que la chica era sud-americana y vestía un tipo de bata blanca. No es extraño por esta zona ver a niñeras y cuidadoras de personas mayores de procedencia sud-americana acompañando a niños y mayores blancos como la leche. Muchas veces viajando en el ferrocarril escucho conversaciones entre niñeras y niños… algún día escribiré sobre eso, sólo decir que más de un día y de dos hubiera abofeteado a alguno de esos pobres niños repelentes. Y digo pobres porqué siempre pienso que todo y que económicamente hablando tienen poco de pobres, su situación me parece pura y llanamente triste.

Mi niñez estuvo siempre arropada de mi familia y dónde no llegaron mis padres lo hicieron mi abuela o mi tía. Ellas me llevaban y traían del cole, se quedaban en casa conmigo, me preparaban la merienda y en definitiva nos aguantaban a mi y a mis hermanas. Esos recuerdos son impagables para mi, ellos me dedicaron su tiempo y el tiempo es el tesoro más grande que tenemos y podemos regalar. La vida de estas familias por unas circunstancias o otras hace que estos niños carezcan de un tiempo con su familia que no tiene vuelta atrás, irrecuperable, pasado, impagable… es lo que tiene el tiempo. Tal vez estoy equivocado y estos niños y niñas sean megafelices, ojalá fuera así, pero al verlos no puedo evitar esas emociones.

Pero al perro no parecía importarle quien era la paseadora y tiraba con ímpetu, olisqueaba el suelo, se acercaba a la base de los árboles y levantaba la pata, movía la cola… Seguramente era feliz por salir a la calle y ver mundo simplemente y no se complicaba la existencia, o tal vez tenía más cariño a esa mujer que a sus propios dueños, o tal vez ella era su dueña verdadera… o tal vez al mirar hacia atrás éste se sentía un perro triste.

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One response to “El perro triste

  1. el discreto encanto de la burguesia……. asi se perpetuan las sociedades, hijos incomprendidos que no comprenden el mundo cuando se hacen mayores, falta de cariño y una concepción de lo delirante que es tener……
    Ya nos podrian repartir los parques y los jardineros y irse a la …… un centro de educación

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